
¿Para qué matrimoniarnos, si así, libres, podemos vivir tán felices?
Parece irónico que la institución del matrimonio, tan desacreditada durante los últimos años, esté siendo reivindicada por un colectivo que se supone de vanguardia y que ha sido marginado por esos mismos que defendían a rajatabla el "matrimonio", me refiero a los homosexuales.
En España celebran con euforia el que la ley de matrimonio civil entre personas del mismo sexo esté cumpliendo un año. En Holanda ya es cuento viejo. En muchos países, las uniones civiles entre gays ya son un hecho, en lo que se ha visto como un pre-matrimonio. Incluso en nuestro conservador y pacato Chile, ya se comienza a vociferar sobre la unión civil de los homosexuales, para que cuando muera uno que vivía en pareja, no venga su familia y se lleve todo lo que les ha costado sudor y lágrimas a los chicos conseguir para su hogar, y para su vida.
Como pre-abogado sé que hay muchas herramientas legales para lograr crear un patrimonio común entre dos hombres o dos mujeres que se aman, eso si a efectos puramente económicos nos referimos.
Otra cosa es reconocer el derecho de dos chicos, o dos chicas, de formalizar ante la ley y ante la sociedad su relación de amor, mismo derecho que parece inherente a los straight.
¿O deberemos soportar eternamente que la amiga hétero nos diga con toda propiedad que se va a casar, sub-leyendo que nuestra relación gay vale callampa? ¿O por ser homosexuales debemos tratar de elevar el "emparejamiento" al nivel de matrimonio, resguardándolo socialmente de reparos y seguridades propias de un enlace conyugal?
O mejor aún, ¿Deberemos quedarnos tranquilitos en casa, tratando de conocer a alguien en la disco de turno, y conformarnos con ser eso, lo que deja el turno?
El debate está abierto. Les doy la palabra.




