Perdónenme. De verdad. Sé y reconozco que los he tenido abandonados. Pero a veces el tener una página personal como esta, se convierte en un esclavizante oficio. Ustedes se merecen originalidad y nuevas ideas. Los que tengan un blog, saben a lo que me refiero.
Por el momento... ¿Qué les puedo contar? Sé que hay algunos que se conjeturan sobre el estado de mi corazón y de mi vida en general. Hasta se han echado a correr algunos rumorcillos, o hipótesis, para ser mas diplomático, sobre lo que me sucede, y que me tiene tan alejado del frío mundo de Internet.
Bueno, les cuento que he terminado mi práctica profesional, con excelentes resultados. Cercano a una calificación sobresaliente diría yo. Eso me tiene muy contento; vosotros sabeis que lo que mas cuesta es lo que mas alegrías nos trae.
Y por el corazón, mejor dicho por la parte afectiva de mi cerebro; todo va de maravillas. He conocido a un chico espectacular, que hace muchas vidas venía buscando. Por respeto a su intimidad no les diré su nombre, él no quiere aparecer publicado en estas páginas de la blogósfera-farandulandia. Pero les puedo confidenciar que tiene mi edad, mira el mundo de una forma muy similar a la mía, es sensible y no le teme a demostrarlo, es generoso con sus sentimientos, y tiene una mirada de esas a las que sólo puedes sucumbir de pura entrega. Es relajado, sincero, habla suave... y me hace feliz, muy feliz. Aunque suene a tópico, tópico.
Es increíble esta sensación de tener esa cuasi-certeza de que estás ante la persona que la vida puso en este mundo justo para ti, a algunos les ha pasado eso a los 30, a los 40, a los 50, o nunca les ha pasado; a mi (y a él) me (le) sucedió ello a los 28, y estoy (está) feliz por eso.
Sólo retomaré aquello que dijo Carrie en el paralamento final del último episodio de Sex and the City, "si encuentran a alguien que los ame, amen!, porque eso es maravilloso...", aunque les suene a melodrama americano básico, pero es verdad.
Amigos, Beatriz, Miguel, traten de ser felices, uno viene a eso a esta vida. La felicidad no está junto a alguien. Está en nosotros mismos, tenemos todo para conseguirla, y el que no lucha por ella, está perdido.
Y a ti, esta noche que no estaré contigo, imaginaré que sí lo estoy. Colocarás tu cabeza sobre mi pecho, como tanto te gusta, y dormiremos felices, como hace tiempo no lo hacía.

