La muerte siempre nos hace pensar en lo que somos. En lo que pudimos haber sido, en las oportunidades que desaprovechamos... en fin, en el peso de la historia ante un evento inevitable.
Ayer murió Pinochet, ese señor de la oscuridad que crecí viendo, primero como el presidente de mi país, luego como un ladino sujeto que sabía cómo esquivar a la justicia. Hoy sólo lo veo como un lamentable personaje de una triste obra llamada "Chile".
Recuerdo las palabras de Gabriel Valdés Subercaseaux, en su libro biográfico. Allí decía que el día que Pinochet entregó el mando, el 11 de Marzo de 1990 en el Congreso de Valparaíso, lo habían visto dejar el salón plenario junto a su pomposa comitiva, y que él había sentido pena, "era un oscuro personaje, en un oscuro país llamado Chile", recuerda Valdés.
Sin honores de Estado, sin presencia de la Presidenta, sin el reconocimiento de la totalidad de su país. Sólo con los lujos de la milicia, y el recuerdo de sus extraños seguidores. Así se irá, así atravesará el umbral de lo desconocido, para quedar reducido a cenizas y polvo, sin estatuas, sin llamas, sin el boato que tanto buscó en vida, sin la compañía de dignatarios extranjeros. Así es la vida, con un poco de justicia al menos, en la hora de la muerte.
No señor, todo el mundo no puede estar equivocado. En España su figura es sinónimo de horror. En Francia lo asocian a la oscuridad. Hasta en los Estados Unidos, una republicana administración se lamentó por los crímenes de su gobierno. En Asia lo miran como el prototipo del triste dictador.
Como país espero no olvidar, pero mirar adelante. Hoy somos otro Chile, mas luminoso. Tal vez debía suceder un Pinochet y una dictadura atroz, para ser lo que hoy somos.
Eso es lo mas triste de todo. Pero la entereza y el alto criterio debe hacernos cicatrizar las heridas, mirando de frente a los que un día nos hostigaron y nos hicieron tanto daño. Aunque estén dentro de un ataúd, rodeados por un triste y extraño boato, en un extraño país.





Jorge Marchant Lazcano fué escritor y guionista de teleseries chilenas, como Loca piel, Estúpido cupido o Bellas y audaces. Supongo que las recuerdan. Pero también ha escrito novelas profundas y que dan cuenta del mundo real, entre ellas figuran Me parece que no somos felices y La joven de blanco, ambas publicadas por editorial Alfaguara.



