25 April 2007

Fuerza Ségolène!


Como sabrán mis informados lectores, el Domingo pasado se realizaron en Francia las elecciones presidenciales. Todos los medios recalcaron el hecho de que la participación de los ciudadanos fuese tan significativa, casi el 90% de las personas con derecho a votar acudieron a las urnas, lo que transforma a esta votación en una de las mas singulares de la historia republicana francesa.

La Francia democrática y libre permite la irrupción de nuevas fuerzas políticas, con ello habían 13 candidatos a la máxima magistratura, algunos de los cuales apenas lograron un 5% de las preferencias; y como ordena la Constitución, las dos mayorías relativas de la elección pasan a segunda vuelta (ballottage), de no conseguir ninguno mas del 50% de los votos. Con este sistema, han ido a la segunda votación, a realizarse el 6 de Mayo de 2007, la candidata del Partido Socialista, la abogada Ségolène Royal, con un 26% de las preferencias; junto al candidato de la Derecha y ex ministro del interior, Nicolas Sarkozy, con un 31%.

Simplemente quiero expresar que todo mi humilde apoyo va para Royal, una mujer extraordinaria y liberal, símbolo de los nuevos tiempos. Esperemos que los votos de los indecisos y de los otros candidatos, vayan en su mayoría para ella. Francia es el paradigma de la libertad y del progresismo, de la tolerancia y de la idea republicana de la democracia.

Les adjunto un artículo del periodista Eduardo Febbro, del diario argentino Página/12, que resulta muy revelador sobre las razones que deberían tener los franceses para no votar a Sarkozy. Léanlo.


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El salvador que mete miedo


Al candidato derechista, primero en los sondeos para las elecciones francesas, se le presenta un problema: inspira temores plurales. Las críticas van desde su radicalismo ideológico hasta su cultura de la represión policial.

Por Eduardo Febbro, corresponsal en París.

Francia está pidiendo un jefe, un salvador, dice el historiador Michel Winock en las páginas del matutino “Libération”. Nicolas Sarkozy, el ex ministro del Interior y candidato de la conservadora UMP, quiere ser ese jefe, el patrón de una Francia encerrada en sí misma, asfixiada por un Estado omnipresente, el salvador de una sociedad que ha elaborado un modelo ejemplar de coexistencia pero que, con una suerte de aplicada ceguera, ha ido cediendo muchos de los valores que ella misma exportó al mundo entero. Sarkozy ha consagrado años de su vida a la incierta conquista del poder. Ministro del Presupuesto, ministro de Economía y Finanzas, ministro del Interior, el ex abogado de negocios y ex intendente de un adinerado suburbio de París, frenético y decidido, se dio incluso el lujo de enterrar al padre de la política francesa, el Presidente Jacques Chirac. Sarkozy tomó el control del partido fundado por Chirac, el RPR, temible máquina electoral rebautizada UMP con el único propósito de convertirse en la base y el motor de la victoria de Sarkozy.
Pero el hombre inspira miedo. Sus muecas nerviosas, sus tics agresivos, su innegable fuerza personal, su radicalismo ideológico, su liberalismo calcado de las corrientes conservadoras norteamericanas, su cultura de la represión policial a todos los niveles, su frenesí, su autoritarismo, su inestabilidad emocional y sus memorables pérdidas de control hacen que Sarkozy suscite dos sentimientos proporcionales e inmediatos: o se lo adopta o se lo detesta.
Sarkomanía y sarkofobia
El pasado 14 de enero, cuando, en el congreso de la UMP, Sarkozy fue designado candidato, el hombre se confesó: “He cambiado porque las dificultades de la vida me cambiaron (...), porque el poder me cambió, porque me hizo sentir la aplastante responsabilidad moral de la política”. Confesión pública y estratégica que la realidad no permite verificar. Su eslogan de campaña, “la ruptura tranquila”, no corre a la par de su tranquilidad de ciudadano ni de sus declaraciones, que exacerbaron la tensión racial y ahondaron el hiato entre la izquierda y la derecha. Ese nerviosismo se traduce por una inquietud palpable no sólo en una parte de la sociedad, sino en su propio entorno. Un allegado a Chirac decía: “Sarkozy va a explotar en pleno vuelo. Su peor enemigo es él mismo”. Sarkozy es, para muchos, un hombre peligroso, una suerte de personaje que, pese a los esfuerzos que hace por parecer calmo e igualitario, esconde un dictador. En la competición colectiva de quién atrae más a esos lápices anónimos que desfiguran los afiches dibujando grafitos sobre las fotos de los candidatos, Sarkozy se lleva la palma. El candidato de la UMP le ha ganado incluso a Jean-Marie Le Pen, el jefe de la extrema derecha; los graffiti lo representan infaltablemente con los famosos bigotes de los dictadores.
En Francia hay una sarkomanía y una sarkofobia. Nada cambia las convicciones de los sarkomaníacos, que votarán por él en contra de todos los argumentos. Los sarkofóbicos son iguales: convictos de una causa que agrupa a una galaxia de personajes públicos y redes de ciudadanos que sólo tienen una consigna: impedir que Sarkozy sea Presidente. El semanario “Marianne” fue uno de los grandes beneficiarios de ese sarkomiedo que sus adversarios explotan, tanto los enemigos políticos, centristas y socialistas, como los de la interna conservadora. “Marianne” vendió más de 300 mil ejemplares de una edición consagrada al “verdadero Sarkozy” que resumía todo lo que se dice, lo que se sabe y no se sabe; en suma, un retrato escalofriante de un hombre político que, según el semanario, “es, en algún que otro lado, un loco”. Esa imagen de hombre incontrolable y peligroso lo persigue como su sombra. Sin dudas, sus declaraciones antes y durante la crisis de los suburbios que estalló en Francia en octubre de 2005 no hicieron sino confirmar que Sarkozy, una vez en el trono, sería una suerte de yo el supremo a la europea.
Identidad nacional
Los sarkofóbicos no se componen únicamente de gente de la izquierda: los viscerales anti Sarko (así se le apoda en el país) se reclutan desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha. Ése es el gran problema de Sarkozy: inspira no un miedo, sino miedos plurales que terminan por unir en una misma corriente “visceral” a gente oriunda de horizontes ideológicos opuestos. Lo más dañino para el candidato de la UMP es que los sarkofóbicos más famosos y activos son varios de los jugadores de fútbol de la selección francesa, entre ellos Liliam Thuran y Patrick Vieira. Ambos se han convertido en una suerte de representantes de esa Francia negada por la otra Francia, es decir, la Francia mestiza o negra surgida de la inmigración, pero ante la cual la Francia blanca tiene una postura cuestionable. Sarkozy había tratado a los habitantes de los suburbios, allí donde vive esa otra Francia excluida, de “escoria”. Luego prometió que limpiaría con “kerosén” todos esos lugares. Para Liliam Thuran, Sarkozy es peligroso “porque tiene una visión racial de las cosas y de la gente”. Grupos de defensa de los derechos humanos, redes de activistas de izquierda, grupos asociativos y libertarios ven en “Sarko” “la hecatombe de la identidad excedida”.
Es oportuno reconocer que Sarkozy ha introducido un discurso caracterizado por una sólida defensa de la identidad nacional en una cultura que ideó un modelo ideal de la existencia en sociedad. Ese modelo hizo de los valores el factor central de la identidad. Sarkozy defiende algo distinto de esa tradición francesa que había permitido que tantas culturas diferentes convivieran en un mismo territorio, porque el lazo no era sanguíneo –como en Alemania–, sino un valor, una comunidad de ideas. Etnólogos, profesores de historia, sociólogos, antropólogos y filósofos pueblan con sus columnas de opinión o sus cartas abiertas las páginas de los diarios para denunciar “la Francia identitaria” del ex titular de Interior. “Cortesano de George Bush”, según la fórmula del filósofo antiliberal Michel Onfray, Sarkozy es una suerte de ovni para el demógrafo Emmanuel Todd, que dice: “Sarkozy ya no entra en los valores de la igualdad. En este sentido, Sarkozy ha salido del sistema cultural francés”. El candidato de la derecha no hace sino reforzar ese temor proponiendo absurdos tales como un Ministerio de la Inmigración y de la Identidad Nacional. Sobre una foto de Sarkozy, un afiche de la asociación de izquierda Act-Up decía: “Vote por Le Pen”. Colmo de la sarkofobia que se expresa incluso en canciones.
Blanco de raperos
Sarkozy tuvo la mala idea de presentar una querella judicial contra una canción del grupo de rap Sniper. El tema, “Francia”, le pareció al entonces ministro del Interior que era insultante para la policía. Desde entonces, Sniper o grupos como Diam’s han compuesto nuevos raps donde el blanco es Sarkozy. El Tarden, en una camiseta impresa, recuperó, a su manera, una de las frases más famosas de Sarkozy. El candidato dijo: “Si hay quienes no quieren a Francia, que no se molesten y se vayan”. La camiseta dice: “Me cogeré a Francia hasta que la quiera”. Los racistas y antisemitas también tienen un club anti Sarkozy. Claro, con su estilo y su cultura del odio al otro, esta corriente se burla de Sarkozy debido a sus orígenes.
El candidato es hijo de inmigrantes húngaros. Los racistas del grupúsculo Todo excepto Sarkozy lo odian y hasta existe un portal de ultraderechistas y ultranacionalistas que se define así: “Portal de la lucha nacional contra la candidatura de Nagy Bacsa [sobrenombre que le ponen a Sarkozy]”. El portal se muestra indignado por los orígenes “húngaros” del candidato y por su proximidad con Israel y Estados Unidos.
Con todo, como lo señalaba una primera plana del diario “Libération”, el candidato de la UMP lleva sobre sus espaldas un aura: “El inquietante señor Sarkozy”.

Ganan los indecisos
Pese a la larga campaña y a la docena de postulantes, el jueves un 46% de los franceses se declaraba aún “indeciso” respecto a quién entregar su voto en la primera vuelta de las elecciones presidenciales que se realizarán hoy en ese país, donde hay 44 millones de electores habilitados para sufragar. Según los últimos sondeos, quien lidera las preferencias es el conservador Nicolas Sarkozy, quien tiene entre el 27 y el 30% de las preferencias, seguido por la socialista Ségolène Royal, que oscila entre el 22 y el 25%. Más atrás, pero con alguna posibilidad de avanzar a la segunda vuelta (que se celebrará el 6 de mayo) aparecen el centrista François Bayrou, que ronda el 20%, y el neofascista Jean-Marie Le Pen, a quien las encuestas le atribuyen entre el 12 y el 15,5% de la intención de voto.
Este último dio la sorpresa en la elección de 2002, cuando aprovechó la fragmentación del voto de izquierda para avanzar a segunda ronda, desplazando al candidato socialista de entonces, Lionel Jospin. Parece difícil que esta vez ocurra algo similar, aunque, de los candidatos restantes, dos son de derecha y el resto corresponde a distintas agrupaciones progresistas, trotskistas o ecologistas.

20 April 2007

La verdad del Papa



'Esta es Popetown, donde el poder, el dinero y la corrupción llevan la delantera en el juego'. Asi se presenta esta serie en su página web. La serie sigue la vida del padre Nicholas, un sacedote que trabaja en una ciudad que hace parodia al Vaticano, llamada Popetown. Nicholas se encarga de mantener alejado al papa del mundo exterior, para evitar que el resto de la gente se entere de que es un loco con edad mental de niño. Entre los personajes también se encuentra un sacerdote que es un deparavado sexual, y tres obisbos corruptos que buscan hacerse ricos a espaldas del Papa. Esta es una comedia animada producida por la BBC, que se empezó a emitir en el Reino Unido en 2005, y desde 2006 la cadena MTV la colocó al aire para sus adictos.
Con las voces de Matt Lucas, Bob Mortimer y la jetsética Jerry Hall, esta ridiculizada saga con olor a curas, nos muestra algo de la depravación por el poder, y nos hace mirar con menos complacencias y mas objetivamente directamente a Roma, donde hace mucho rato que algo huele, a lo menos, a podrido.
¿Qué les parece a ustedes? / Bueno, la serie ha sacado ronchas en muchos lugares del mundo, pero creo que al final la libertad de expresión es la que gana. www.popetown.com

Lo que todo escritor sueña




Algo que sueña toda persona que quiere transformarse en escritor, es publicar su primer libro en papel. Ya les he hablado de ello y de mis aspiraciones literarias. Pero basta de mi, vamos a Rodrigo. Hace algún tiempo este chico ha escrito su primera novela, La Trilogía de las Fiestas. Conocida primeramente por los inciados de Internet, este título mezclaba pasión, realidad y mucha, mucha vida gay. Bajo formato electrónico comenzó su difusión, y creo que tocó muchas puertas para lograr lo que es hoy.
De la mano de Mago Editores, Muñoz Opazo nos regala una revisitada obra que merece estar en nuestro velador, o en el rico sillón que nos acompaña en las lecturas. Una vez fue idea, luego proyecto, ahora, palabras en ristre, es un libro; que a la luz de tres periodos cronológicos nos muestra un poco de la vida homosexual de Chile, y por qué no decirlo, de cualquier país.
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LA TRILOGÍA DE LAS FIESTAS
Rodrigo Muñoz Opazo
2007
Mago Editores

18 April 2007

Lo prometido...


Dicen que lo prometido es deuda. Y el 23 de Febrero me despedí prometiendo regresar, y darles buenas nuevas. Pues no han pasado dos meses y aqui estoy, con el examen de grado aprobado, y con mi titulación en marcha, próximo a ser un abogado.

Ahora me enfrento al que quizás es el desafío mas importante de un ser humano después del 'conocerse a uno mismo'... entrar al mundo laboral. Para los abogados es difícil, colocarnos con nuestro propio despacho ya no es el negocio que era en los años 60 y 70, se requiere experiencia, y para acreditar experiencia en un currículo, el ejercicio libre de la profesión no es muy buena base. Bienvenido al mercado, jeje, parece ser la consigna, aunque yo sólo sea un socialista adscrito al progresismo y perteneciente a la burguesía ilustrada de esta sociedad.

De todas formas tengo fé en todas mis capacidades, tengo buena pinta, buena labia, manejo muchos temas, jeje, y me río en la fila.

Les seguiré contando mas sobre este extraño proceso, por ahora estoy feliz, ya he terminado una dura etapa. Terminando un ciclo. Todo se transmuta, volvemos a empezar de cero. ;)