
Hace algunos años, un amigo, un actor francés avencindado en Argentina, estrella de los años sesenta, llamado Pablo Moret, me regaló un libro, el libro más bello que he leído en mi corta vida. Pablo vive hoy en Chile, en Puerto Montt, alejado de las luces y personajes que repletaron su vida. El libro en cuestión se llama “Memorias de Adriano”, escrito por Marguerite Yourcenar, una de las autoras cumbre de la literatura universal, y traducido al castellano por Julio Cortázar. Estábamos en el centro comercial de Puerto Montt y Pablo salió de una librería con el obsequio entre sus manos.
En “Memorias de Adriano”, el emperador romano narra, en los últimos años de su vida, los sucesos que marcaron su existencia. El poder, el dolor, la ambición, la lujuria, el amor. Al leerlo, al devorar sus páginas, imaginaba en Pablo a una especie de Adriano. Yourcenar hace un trabajo de lujo, una obra maestra en esta novela. Los detalles, la minuciosidad de los relatos, los cambios de carácter… las pasiones. Su amor por Antinoo, un joven que desató las insidias de la corte, y un trágico final en las aguas del Nilo. Las revueltas de los judíos, las campañas en Galia, los viajes, su admiración por la cultura griega. Adriano fue uno de los emperadores romanos representantes de la intelectualidad, usaba barba, al modo de los filósofos clásicos. Todo ello magistralmente contado por Yourcenar, quien viajó personalmente a Roma para conocer los vestigios de la Villa Adriana. El libro le tomó grandes años de su vida, es sin duda una maravilla nacida de la brillantez de esta mujer con genio de hombre, genio que materializó para colocarse en los pantalones del emperador ilustrado, para rendirse a sus pasiones, para enamorarse de él, quizás el único hombre que amó en su vida.
Un día, en casa de Pablo, mirando el mar, encontré en su biblioteca una antigua edición del libro, “Memoires d’Hadrien”, era la versión original en francés, como la escribió Yourcenar. El, francés de origen y corazón, podía leerlo sin problemas en ese idioma. Descubrí que era su libro, o uno de sus libros, de cabecera, como se dice usualmente. Y le agradecí en silencio por dejarme compartir esa maravilla, esa prosa portentosa que me atrapó desde la primera página.
Años después, el libro desapareció misteriosamente de mi incipiente colección. Sin duda lo sustrajo alguien que deseaba leerlo y enamorarse de su historia, ojalá lo haya aprovechado. Aun no lo he repuesto, pero su espacio sigue allí, entre Eco y Renault, entre mis libros de derecho y las novelas sobre Alejandro. Algún día volverá a ese lugar. Como el libro más bello que he leído alguna vez.
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MEMOIRES D'HADRIEN (Memorias de Adriano)
Marguerite Yourcenar.
1951
Diversas editoriales.


1 comment:
¡Pedazo blog que tienes, chaval!
Estoy impresionada, sigue así.
Gracias por contarnos tantas cosas, tan brillantemente.
Saludos,
una española
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