A veces he pensado que muchas de las cosas que me han sucedido en la vida han sido producto de mi carácter impulsivo. Apasionado, dirían otros. Cuando me ha tocado amar, amé con todas mis fuerzas. Cuando lloré, lo hice con escándalo. Cuando discutí, me acaloré demasiado. Cuando defendí mis ideas, lo hice con pasión. Cuando enfrenté mis miedos lo hice con una mezcla de terror y valentía. Cuando ganó Lagos el 2000 y Bachelet hace cinco meses, lloré de felicidad.
Así soy yo, vivo mis pasiones a concho, no lo sé hacer de otra forma. Si estuviera conversando con Nietzsche me diría que soy demasiado humano, como el título de su libro Humano, demasiado humano. Las pasiones, esas consideradas bajas en la edad media, en mí son el motor de búsqueda, tal cual como si fuese un hombre renacentista.
También he sido envidioso, egoísta, altanero, me he creído el centro de todo, como si el mundo fuese un sistema leocéntrico, jeje, y a golpes me dí cuenta que no era así. Estuve a punto de morir dos veces, y las dos veces me recobré con fuerzas. Viví las dos caras de la moneda, una bonita y cool, otra muy fea y engañosa, pero mil veces mas didáctica que la otra.
Bueno, ustedes saben que en el zodiaco chino soy un caballo, uno muy impulsivo y relinchador, un potro, de esos que meten las patas entre la ciénaga y no se dan cuenta hasta que ya se hunden. Me involucré en relaciones tormentosas, llenas de lluvia, una sola vez amé sin ser amado. Las demás he hecho tantas tonterías como ustedes, mis lectores, se puedan imaginar, desde volverme sado, hasta mirar al amigo de mi pareja, y enviarle mensajes de texto por el teléfono móvil. Desde el adulterio en un balcón hasta pedirle un disco a mi chico para escucharlo con otro boy mas entretenido en ese momento. Escándalo total.
Pero no me arrepiento, esa pasión y gusto por las sinfonías bajas es la que me da fuerzas cada día para seguir. Entré a cines triple equis y me envolví en danzas llenas de vino y lujuria, igual que en los laberintos de una discoteca gay. Una medusa se volvió mi cabeza, y mi sangre se llenó de tormento. Rompí mundos, para poder nacer. Y así he nacido una y otra vez. He derrumbado imperios y conquistado pueblos, dejando magnetismo al pasar. Creo en Dios, pero mi Dios me hizo humano para probar todo ese universo a mis pies. Mientras no razone de esa forma, seguiré sin perdonarme por degustar el placer. Y para eso no debo pedirle permiso a nadie.
Porque hace mucho tiempo que vengo dándome cuenta, tengo apariencia de ángel, mucha gente espera de mi algo sobrenatural. Pero, perdonen, soy humano, demasiado humano.
Así soy yo, vivo mis pasiones a concho, no lo sé hacer de otra forma. Si estuviera conversando con Nietzsche me diría que soy demasiado humano, como el título de su libro Humano, demasiado humano. Las pasiones, esas consideradas bajas en la edad media, en mí son el motor de búsqueda, tal cual como si fuese un hombre renacentista.
También he sido envidioso, egoísta, altanero, me he creído el centro de todo, como si el mundo fuese un sistema leocéntrico, jeje, y a golpes me dí cuenta que no era así. Estuve a punto de morir dos veces, y las dos veces me recobré con fuerzas. Viví las dos caras de la moneda, una bonita y cool, otra muy fea y engañosa, pero mil veces mas didáctica que la otra.
Bueno, ustedes saben que en el zodiaco chino soy un caballo, uno muy impulsivo y relinchador, un potro, de esos que meten las patas entre la ciénaga y no se dan cuenta hasta que ya se hunden. Me involucré en relaciones tormentosas, llenas de lluvia, una sola vez amé sin ser amado. Las demás he hecho tantas tonterías como ustedes, mis lectores, se puedan imaginar, desde volverme sado, hasta mirar al amigo de mi pareja, y enviarle mensajes de texto por el teléfono móvil. Desde el adulterio en un balcón hasta pedirle un disco a mi chico para escucharlo con otro boy mas entretenido en ese momento. Escándalo total.
Pero no me arrepiento, esa pasión y gusto por las sinfonías bajas es la que me da fuerzas cada día para seguir. Entré a cines triple equis y me envolví en danzas llenas de vino y lujuria, igual que en los laberintos de una discoteca gay. Una medusa se volvió mi cabeza, y mi sangre se llenó de tormento. Rompí mundos, para poder nacer. Y así he nacido una y otra vez. He derrumbado imperios y conquistado pueblos, dejando magnetismo al pasar. Creo en Dios, pero mi Dios me hizo humano para probar todo ese universo a mis pies. Mientras no razone de esa forma, seguiré sin perdonarme por degustar el placer. Y para eso no debo pedirle permiso a nadie.
Porque hace mucho tiempo que vengo dándome cuenta, tengo apariencia de ángel, mucha gente espera de mi algo sobrenatural. Pero, perdonen, soy humano, demasiado humano.


1 comment:
Bueno tu mea culpa, sincero y honesto, ojalà hubieras sido así de lúcido cuando nos conocimos (dijo el picado, jajaja), pero, no importa, así como la rana aprendió del escorpión, todas nuestras experiencias, buenas y malas, nos dejan una enseñanza, sobre todo las malas experiencias. ¿qué aprendí yo? como tú dices, que eres humano, al igual que yo, y que equivocarse es parte de nuestra naturaleza y nos hace crecer, al igual que perdonar. Otra cosa que aprendí: que fui harto caprichoso y porfiado, al punto de que aquí me tienes aún leyéndote. 'Es mi naturaleza', le idjo el escorpión a la rana, fábula magistralmente llevada al cine en la película 'El juego de las lágrimas' (no sé por qué me suena el título, jajaja).
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